
Al mediodía, Beto invitó a la chochera a su jato a jamear algo rico. "Pasen, causas, siéntanse en su casa, que ya casi sale el ceviche", los recibió contento. La cocina olía a limón y cebolla, y a todos se les hizo agua la boca.
Diego llegó misio como siempre, pero con un hambre de la gran flauta. "Broder, sírveme harto que ando sin un sol en el bolsillo", pidió sin roche. Beto se rió y le dijo que en su casa nunca se iba nadie con hambre.
Se sentaron todos apretados alrededor de la mesa pequeña de la sala. Pilar, que ya iba cachando la jerga, soltó un par de palabras nuevas como yapa. Los patas la aplaudieron, orgullosos de cómo la chibola…