
En la banda de Sofía todos sabían que el reloj de Renata funcionaba distinto. Cuando decía "ahorita salgo", había que sumarle una hora, a veces dos. Esa noche los demás llevaban rato echando raíces en la esquina, muertos de frío.
Neta, era la reina de llegar tarde, y el grupo lo había convertido en deporte. Cuando por fin apareció la morra, Mateo la recibió con una cara de falsa sorpresa. "¿Qué pedo, ya te acordaste de nosotros?", anunció, para que lo oyera toda la cuadra.
A Mateo nunca se le iba la oportunidad de vacilar. Los demás se sumaron igual de gachos, cada uno con su versión del mismo chiste. Pablo estuvo especialmente culero,…