
Lorena alquila tres cuartos arriba de una tienda. Ismael, un soldador de Tampico, llega en camisa. Afuera cae una llovizna fina y gris, y el aire está helado.
“¿No le presto una cobija para la noche larga?”, ofrece Lorena. Ismael se ríe y se sube el cuello de la camisa. “Yo soy de Tampico, a mí el frío no me hace nada”, contesta.
De noche el cuarto se enfría y el vidrio junta vapor. Ismael duerme con la camisa y los calcetines puestos. No duerme nada y amanece con los dedos duros.