
El cielo sobre Papantla está despejado, y la plaza central está llena de turistas y lugareños esperando el inicio de la tradicional Danza de los Voladores . El gran poste de más de 30 metros de altura se alza en el centro, imponente. Alejandro, joven volador, observa desde el costado, con pensamientos encontrados. Mientras se ajusta su traje, los nervios lo consumen. Su abuelo, Don Ignacio, lo observa en silencio, sabiendo que esta tradición es más que un espectáculo: es el alma de su gente.
Alejandro: Abuelo, no sé si estoy listo para esto. Siento que la gente ya no lo valora igual. Quiero hacer algo nuevo, algo que atraiga a más personas,…