Pescando en la costa caribeña
La Ciénaga Grande de Santa Marta, Colombia. Un ecosistema único donde se mezclan agua dulce y salada, hogar de una gran variedad de peces y aves.
Eduardo: (Ajustando las redes) ¡Buenos días, mija! ¿Lista para otra faena?
Ángela: ¡Buenos días, tío! Siempre lista. ¿Y el pescado? ¿Hay buen pique hoy?
Eduardo: No como antes, mija. La Ciénaga ya no es la misma.
Ángela: ¿Qué pasa, tío? ¿Notaste algo extraño?
Eduardo: Sí, mija. Los peces escasean, las aguas se calientan y los turistas contaminan. La Ciénaga está maluca.
Ángela: ¡Esos jueputas turistas! No respetan nada. Arrojan basura, contaminan el agua y espantan a los peces.
Eduardo: No es solo eso, mija. El clima también ha cambiado. Las lluvias son más intensas y los veranos más secos. La Ciénaga no se recupera.
Ángela: ¡Tenemos que hacer algo, tío! No podemos permitir que la Ciénaga muera. Es nuestro hogar, el sustento de nuestras familias.
Eduardo: Tienes razón, mija. Hay que luchar por la Ciénaga. Debemos unir a la comunidad y buscar soluciones.
Ángela: ¡Yo me apunto! Podemos organizar talleres, hablar con las autoridades, crear conciencia entre los turistas. ¡Juntos podemos salvar la Ciénaga!
Eduardo: (Sonriendo) ¡Esa es la actitud, mija! La Ciénaga nos necesita. Unidos, podemos darle la batalla a la adversidad.
En las semanas siguientes, Ángela y Eduardo organizan jornadas de limpieza, siembran mangle para proteger las costas, y educan a los turistas sobre la importancia de la Ciénaga. Sin embargo, algunos pescadores se resisten al cambio y las autoridades no siempre escuchan.
Ángela: ¡Ave María! Me parece una barbaridad que no todos nos quieran apoyar, cuando el beneficio es para la comunidad.
Sin embargo, la determinación de Ángela y Eduardo contagia a la comunidad. Poco a poco, la Ciénaga comienza a recuperarse. Un día Ángela y Eduardo se sienten orgullosos de lo que han logrado. La lucha no ha terminado, pero saben que la Ciénaga está en buenas manos.
Ángela: ¡Lo logramos, tío! La Ciénaga está sanando.
Eduardo: Sí, mija. Gracias a tu esfuerzo y al de la comunidad. La Ciénaga tiene futuro.
Juntos, Ángela y Eduardo, junto a la comunidad, se convierten en guardianes de la Ciénaga Grande de Santa Marta, un ecosistema único que palpita con vida gracias a la conexión profunda entre la naturaleza y las personas.
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