
La vieja casona de su abuelo seguÃa igual. Juan recorrió con la mirada el patio con el limonero en el centro, las paredes descascaradas y la galerÃa de mosaicos gastados por el tiempo. Se sentó en una silla de mimbre y sirvió un mate bien caliente. Su hermano MartÃn, que venÃa de la ciudad, lo miró con fastidio mientras sacaba su celular sin señal.
MartÃn: No puedo creer que esta casa siga en pie.
Juan: Y… era de las de antes, bien de adobe, firme como un roble.