
La Sierra Nevada de Santa Marta se levanta imponente con sus picos nevados, ríos cristalinos y una vegetación exuberante que cubre las laderas de las montañas. El aire frío y limpio de las alturas llena los pulmones de Tomás y Lucía, mientras suben los antiguos senderos que los llevan hacia lo más profundo de este territorio sagrado. Las nubes parecen rozar las cimas, y en la distancia, se oyen los cantos de los pájaros y el murmullo de los ríos que descienden con fuerza. A medida que avanzan, el silencio se rompe solo con el crujir de sus pasos en la tierra húmeda.
Tomás: Mira eso, Lucía. No puedo creer lo cerca que estamos de los picos…