
El Parque Nacional de Chingaza se extiende ante Samuel y Carolina, con sus montañas cubiertas de niebla y árboles gigantes que se pierden en la distancia. Los senderos serpentean a través del bosque húmedo, y el sonido del viento se mezcla con el canto de los pájaros. Es un lugar mágico, pero también misterioso, donde cada rincón parece guardar un secreto.
Samuel: ¡Mira, Carolina! ¡Este lugar es impresionante! Parece un bosque encantado.
Carolina: Es verdad, pero… ¿seguro que estamos yendo por el camino correcto? Hace rato que no veo ninguna señal.