
El bullicio del mercado de Medellín es envolvente. Los vendedores gritan sus ofertas mientras el aroma de frutas frescas, hierbas aromáticas y comidas típicas inunda el aire. Los colores vibrantes de las frutas, las verduras apiladas con esmero y las artesanías locales se mezclan con el ir y venir de los clientes. Puestos de todo tipo se alinean bajo techos de lámina que apenas protegen del sol, creando un ambiente cálido y auténtico. Aquí, cada rincón cuenta una historia y cada vendedor tiene una anécdota que compartir.
Mateo: Uy, esto es más grande de lo que imaginé. ¡Qué montón de colores! ¿Por dónde empiezo?
Andrés: ¡Eh, parcero ! Si es la…