La abuela
En la histórica ciudad de Popayán, Colombia, Claudia, una abuela de cabellos plateados, está sentada en la mecedora de su patio junto a Guillermo, su nieto adolescente. El sol de la tarde ilumina la escena mientras Claudia se dispone a compartir historias que han sido parte de su familia y la rica tradición local.
Claudia: ¡Guillermo, ven acá, parcero! ¿Te gustaría escuchar algunas historias de cuando era joven?
Guillermo: ¡Claro, abuela! Siempre me cuentas cosas chéveres. Estoy listo.
Claudia: Muy bien, mi niño. Déjame contarte sobre los amigos que tenía. Era un grupo bien chévere.
Guillermo: ¿En serio, abuela? ¿Qué hacían ustedes?
Claudia: Pues, teníamos nuestro propio parche. Íbamos a la plaza a jugar al tejo y nos gustaba charlar en la esquina del parque.
Guillermo: ¡Eso suena muy divertido, abuela! ¿Y qué más?
Claudia: En aquella época, la vida era más tranquila. En las noches, nos sentábamos en las sillas de la calle y simplemente disfrutábamos del fresco. Todos éramos como una gran familia.
Guillermo: ¿Y hay algo más que quieras compartir, abuela?
Claudia: ¡Ah, sí! Deberías saber sobre las tradiciones de nuestra ciudad. Popayán tiene una Semana Santa espectacular. La procesión de los pasos es algo único, es una tradición que nos hace sentir orgullosos de nuestra historia.
Guillermo: ¿También participabas en eso, abuela?
Claudia: Claro. Ahora ya no, pero la tradición sigue siendo fuerte en nuestra familia. Es una manera de respetar lo que nos han dejado los abuelos y bisabuelos, ¿entiendes?
Guillermo: Sí, abuela. Es importante mantener esas tradiciones. ¿Hay algo más que deba saber?
Claudia: (pensativa) Bueno, hay una historia que involucra a tu bisabuelo y una aventura que tuvieron en las montañas. Era un parcero muy valiente.
Historia del Bisabuelo:
Claudia: Un día, tu bisabuelo y sus amigos decidieron hacer una travesía a las montañas. Era un parche bien unido. Se adentraron en la selva, enfrentándose a los retos del terreno.
Guillermo: ¿Y qué pasó, abuela?
Claudia: El lugar era tan impresionante que decidieron acampar allí. Hicieron fogatas, compartieron historias y hasta encontraron petroglifos que contaban la historia de los indígenas de la región. Fue una experiencia única, parcero.
Guillermo: ¡Qué aventura tan chévere, abuela! Me encantaría hacer algo así.
Claudia: Pues, siempre es bueno mantener viva esa chispa de aventura, pero también aprender de nuestras raíces. ¿Entiendes, Guillermo?
Guillermo: Sí, abuela. Es como si la historia y las tradiciones fueran el fuego que nos une.
Claudia: Exactamente, mi niño. La conexión entre generaciones es lo que hace que nuestra cultura sea tan especial. Mantener esas historias vivas es nuestra responsabilidad.
La tarde avanza, pero las historias de Claudia continúan, construyendo un puente entre el pasado y el presente. En ese rincón de Popayán, entre risas y recuerdos, se celebra la riqueza de la cultura y la importancia de transmitirla de generación en generación.
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